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DIARIO DE VIAJE 27
El Castillo de Loarre: la joya medieval de Aragón
En mi reciente visita a Huesca, el Castillo de Loarre era una cita impostergable.
Entrar en semejante fortaleza es viajar al siglo XI y tomar conciencia de cómo fue la vida de aquellos hombres y mujeres —nobles, sacerdotes, soldados y campesinos— que habitaron este lugar durante aproximadamente cinco siglos.
El Castillo de Loarre es una fortaleza de origen plenamente cristiano y no presenta la influencia arquitectónica ni el origen islámico que caracteriza a muchas fortalezas del sur de España, como la Alhambra o el Alcázar de Sevilla.
A diferencia de los castillos andaluces, que en muchos casos se levantan sobre antiguas alcazabas musulmanas, Loarre responde a una lógica distinta: nació como una fortaleza militar cristiana concebida con fines ofensivos y de vigilancia.
Su construcción fue ordenada a comienzos del siglo XI, hacia el año 1020, por el rey Sancho III de Navarra. Su misión era ejercer presión sobre la importante plaza musulmana de Bolea, que controlaba las fértiles tierras agrícolas de la Hoya de Huesca.
Su arquitectura constituye una de las mejores muestras conservadas del románico militar europeo. El conjunto destaca por sus influencias lombardas, su iglesia románica, su cripta y un magnífico estado de conservación que permite comprender cómo eran las grandes fortalezas medievales.
Situado en el Prepirineo aragonés, el castillo aprovecha el propio risco rocoso sobre el que se asienta, integrándose perfectamente con la montaña y convirtiéndose en un bastión estratégico durante la Reconquista.
Uno no puede evitar preguntarse si estos muros, tal y como los vemos hoy, reflejan realmente la vida de aquella época. Los historiadores sostienen que la fría piedra gris que contemplamos actualmente dista mucho de la imagen que ofrecía el castillo en el siglo XI. Sus estancias estaban cuidadosamente decoradas y acondicionadas para hacerlas más confortables.
Los muros se cubrían con enlucidos de cal decorados con pinturas al fresco de vivos colores, donde abundaban los motivos geométricos y las escenas religiosas.
Grandes tapices, reposteros y paños de lana o terciopelo colgaban de las paredes, embelleciendo las salas y, al mismo tiempo, proporcionando un valioso aislamiento térmico frente al duro clima de la montaña.
Los suelos se cubrían con esteras de esparto, pieles y alfombras, mientras que el mobiliario se componía de arcones de madera, camas con dosel, mesas y bancos. Las chimeneas ayudaban a hacer más habitable el interior durante los largos inviernos.
El castillo estuvo habitado de forma continuada durante unos quinientos años, desde el primer tercio del siglo XI hasta el siglo XVI, cuando la población descendió al valle para fundar el actual pueblo de Loarre.
Su historia estuvo estrechamente ligada a la dinastía Jimena. Sancho III el Mayor impulsó su construcción y su hijo, Sancho Ramírez, lo amplió considerablemente a partir de 1071, incorporando la iglesia románica y estableciendo una comunidad de canónigos agustinos.
La guarnición permanente oscilaba normalmente entre cincuenta y cien soldados, aunque en épocas de conflicto podía alcanzar los doscientos o incluso trescientos hombres. En el valle vivían entre quinientos y mil habitantes.
Los suministros procedían tanto de los pequeños huertos cercanos como de los tributos en especie que llegaban desde la Hoya de Huesca. El agua se almacenaba en un gran aljibe excavado directamente en la roca.
En cuanto a la remuneración del ejército, la mayor parte de los soldados recibía manutención —alojamiento y alimento— además de participar en el reparto del botín de guerra. Los caballeros y altos mandos eran recompensados, en muchas ocasiones, con la concesión de feudos u honores territoriales.
¿Y qué fue de aquellas antiguas dinastías medievales? Con el paso de los siglos desaparecieron mediante matrimonios, herencias y alianzas políticas.
Un ejemplo clave fue la unión dinástica entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469. Aquel matrimonio sentó las bases de una mayor unidad política, consolidada posteriormente por la Casa de Austria y reforzada con la centralización llevada a cabo por los Borbones durante el siglo XVIII.
Curiosidades
El Castillo de Loarre también ha servido de escenario para numerosas producciones cinematográficas y televisivas.
En 1982 acogió parte del rodaje de la película española Valentina, protagonizada por Anthony Quinn y Jorge Sanz.
En 2005 fue uno de los principales escenarios de El reino de los cielos, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Orlando Bloom, Liam Neeson, Jeremy Irons y Eva Green. Muchos vecinos del pueblo de Loarre participaron como extras, y el castillo aparece tanto al comienzo como al final de la película.
También fue utilizado en 2006 para el rodaje de Miguel y William, con Juan Luis Galiardo, Geraldine Chaplin y Elena Anaya, entre otros.
En 1994 fue escenario del programa de TVE La noche de los castillos.
Asimismo, aparece en la serie de TVE El Ministerio del Tiempo, donde es utilizado como prisión en algunos episodios.
La novela histórica El castillo, publicada en 2015 por Luis Zueco, tiene como eje principal esta impresionante fortaleza.
El Castillo de Loarre fue declarado Monumento Nacional en 1906 y actualmente está protegido como Bien de Interés Cultural. Forma parte del patrimonio histórico español y, desde hace años, diversas instituciones aragonesas impulsan su candidatura para ser declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Sin duda, recorrer sus murallas supone mucho más que visitar un castillo. Es adentrarse en uno de los mejores ejemplos del románico militar europeo y comprender la importancia estratégica que tuvo esta fortaleza durante los primeros siglos de la Reconquista.
Esta visita fue más que una cita turística, fue haber viajado casi mil años atrás en el tiempo.
2 respuestas
Una maravilla conservada a pesar del paso del tiempo, una cita imprescindible si pasas por Huesca para disfrutar de la historia de España
Que bien nos lo pasamos Paco !!! es un placer disfrutar contigo de toda esta maravilla