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A TU LADO ANDARÉ – Canción #3
Lo que el duelo nos obliga a aprender
Hay historias que no hacen ruido. No aparecen en los titulares, no se vuelven virales ni ocupan escenarios luminosos.
Son historias de personas comunes atravesando dolores inmensos. Personas que un día descubren que la vida puede cambiar para siempre en apenas un instante.
Esta canción nació pensando en uno de esos hombres.
Un hombre sencillo que había imaginado una vida junto a la mujer que amaba. Habían construido proyectos y sostenido sueños; entre ellos, formar una familia.
Asi esperaron varios años. Una larga lista de espera hasta que dos pequeñas almas encontraron en ellos a los padres que necesitaban, dispuestos a adoptarlos y amarlos con todo el corazón.
Ese momento llegó, junto con muchas coincidencias que completaron el puzle que faltaba para que padres e hijos se encontraran en esta vida llena de sorpresas.
Pero la vida, que nos reúne y genera tantas felices coincidencias, también tuerce los planes, incluso cuando creemos que todo encaja a la perfección.
El cáncer llegó como llegan las tormentas devastadoras. Y lo que parecía un camino compartido quedó interrumpido demasiado pronto.
Ella murió. Y él quedó solo frente a algo inmenso: sostener a sus hijos, sostenerse a sí mismo y aprender a vivir con una ausencia que ocuparía todos los rincones de la casa.
Porque el duelo aparece en la taza que quedó sin usar. En el lado vacío de la cama. En el perfume imborrable de una bufanda y en el largo silencio después de acostar a los chicos.
También aparece en cosas cotidianas, esas pequeñeces que antes se repartían ambos padres: despertar temprano, preparar mochilas, correr hacia la escuela, hacer los deberes con los hijos y cenar todos juntos para contarse qué tal fue el día.
Creo que hay una valentía silenciosa en esas personas que siguen adelante sin épica, sin aplausos.
Personas que no tienen tiempo para romperse del todo porque alguien las necesita. Personas que aprenden, de golpe, a ser padre y madre al mismo tiempo. A reinventarse mientras todavía están intentando entender qué les pasó.
La canción A tu lado andaré, que creé junto al músico argentino Cuti Carabajal, habla de eso.
De la transformación que trae la pérdida.
De cómo una persona puede convertirse en refugio de otros. Porque ellos son ahora su prioridad. Y muchas de las cosas que antes parecían importantes —el reconocimiento, el prestigio profesional, la necesidad de avanzar— pasan a un segundo plano.
Esta historia también habla de la extraña manera en que el amor permanece.
El duelo duele. Y hay días en los que parece imposible atravesarlo. Pero quizás la vida no nos pide hacerlo perfecto. Solo nos pide seguir andando.
Con miedo. Con cansancio. Con preguntas. Pero andando.
Hay algo profundamente humano en aprender a convivir con las cicatrices. En comprender que sanar no significa olvidar.
El amor incondicional también consiste en ponerse de pie y continuar la propia vida, honrando lo vivido mientras el tiempo sigue desplegándose delante de nosotros.
Reinventarse no es convertirse en otra persona. Reinventarse es aprender a vivir con las cicatrices, dejando que el dolor se transforme en una nueva fortaleza interior que acompaña y consuela desde algún rincón de nuestra alma.
Y por eso esta canción termina con una sonrisa pequeña, casi humilde.
Porque todavía puede aparecer una caricia en el aire, en una tarde tranquila, en la risa de un hijo y en el recuerdo de unos ojos serenos.
Y entonces uno entiende que la vida, pese a todo, sigue siendo un mágico sueño.
Esta canción es para quienes atraviesan ausencias.
Para quienes sostienen hogares desde el amor y el cansancio.
Para quienes aprendieron a seguir caminando con alguien inolvidable en el corazón.
2 respuestas
Me encantó escuchar tus palabras tan sentidas y reales, me llena de fuerza en un momento donde parece que todo se desmorona, gracias!
Gracias por leerme Silvia, las vida no nos prepara para una despedida así pero hay que aceptarlo viviendo a pleno, dándolo todo. Un abrazo