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DIARIO DE VIAJE 29
Montanejos, aguas termales, historia y cultura vivas
Siempre me habían recomendado visitar Montanejos, un pequeño municipio del interior de la provincia de Castellón, famoso por sus aguas termales y por los impresionantes paisajes que rodean el río Mijares.
Me aseguraban que allí encontraría aguas limpias, de propiedades medicinales, y un lugar perfecto para desconectar.
Sin embargo, cuando conocí mejor el pueblo descubrí que detrás de sus fuentes, sus montañas y sus senderos había también una historia fascinante, marcada por la convivencia y el enfrentamiento entre las culturas musulmana y cristiana.
Montanejos se encuentra en la comarca del Alto Mijares, atravesado por el río que da nombre a este territorio.
Es un municipio pequeño, aunque su población ha ido variando con el tiempo: la cifra oficial del padrón era de 643 habitantes en 2024. Su tamaño contrasta con la cantidad de turistas que recibe en verano.
Una historia marcada por el agua
Para entender Montanejos hay que mirar hacia su pasado andalusí.
Durante siglos, las comunidades musulmanas habitaron estas tierras y dejaron una huella que todavía puede reconocerse en el paisaje.
El agua tenía para ellos una importancia fundamental, tanto para la vida cotidiana como desde el punto de vista cultural y espiritual.
Esa relación se refleja todavía hoy en las antiguas huertas, las acequias y los sistemas de regadío que transformaron el territorio.
Uno de los lugares que mejor permite imaginar aquel pasado es La Alquería, el núcleo original de la localidad, situado junto al río y dominado por los restos de su castillo.
Las investigaciones arqueológicas apuntan a un posible origen andalusí, aunque buena parte de las estructuras que hoy se conservan corresponden a época cristiana, entre los siglos XIII y XIV.
El castillo cumplía además una función estratégica, ya que permitía controlar las pequeñas poblaciones y las tierras irrigadas situadas alrededor del río.
La historia cambió con la conquista cristiana y, siglos después, con la expulsión de los moriscos en 1609. A partir de entonces, el paisaje y la organización del territorio fueron transformándose poco a poco.
Durante los siglos XVII y XVIII se produjo una importante expansión de la agricultura y del regadío, que dejó como herencia huertas, zonas de cultivo, masías y distintas construcciones relacionadas con las labores del campo.
Pero hay algo que ha permanecido como hilo conductor de toda esta historia: el agua. El Mijares y sus fuentes han condicionado la vida de Montanejos durante siglos, y la Fuente de los Baños, con sus aguas mineromedicinales, es hoy uno de los principales símbolos de la localidad.
Queso, vino y tradiciones
Hace un par de años, unos amigos nos invitaron a conocer la Feria del Queso Artesano. Y descubrí otra faceta de Montanejos: la de un pueblo que sabe convertir sus tradiciones y su gastronomía en una forma de encuentro.
La Feria del Queso Artesano de Montanejos se ha convertido en una importante cita gastronómica. Nació en 2016 y, con el paso de los años, ha ido creciendo hasta reunir a numerosos productores y visitantes.
En su décima edición, celebrada en 2025, participaron alrededor de una treintena de productores de queso artesanal y se organizaron catas, degustaciones, demostraciones de cocina, actividades musicales y concursos.
Los quesos se acompañan con vinos y otros productos de la Comunidad Valenciana, creando un encuentro entre gastronomía, territorio y tradición.
La fiesta consigue, además, algo que me parece especialmente importante en los pueblos pequeños: reunir a vecinos y visitantes y convertir la gastronomía en una forma de conservar las costumbres.
Quizá eso sea lo que más me gusta de Montanejos: que todo parece estar conectado. El río que alimentó las antiguas huertas, las acequias heredadas de la cultura islámica, el castillo que vigila el valle, las aguas termales, los quesos y los vinos forman parte de una misma historia.
Una historia en la que el agua ha sido siempre protagonista y que, todavía hoy, sigue dando vida a Montanejos.