Diario de viaje 31 Salamanca

DIARIO DE VIAJE 31

Salamanca, la Ciudad Dorada

En nuestro viaje por Castilla, mis hijos y yo hicimos nuestra segunda parada en Salamanca, conocida también como la Ciudad Dorada, por el tono dorado de la piedra de Villamayor con la que están construidos muchos de sus monumentos. 

Sin duda, es una ciudad imponente por su extraordinario patrimonio monumental, por la concentración de iglesias y edificios históricos que llenan su casco antiguo y, especialmente, por la importancia que alcanzó como centro cultural, religioso y universitario durante siglos. 

Pero Salamanca también tiene una estrecha relación con la literatura española. Sus calles y el río Tormes forman parte del universo de Lazarillo de Tormes, uno de los grandes ejemplos de la novela picaresca del siglo XVI. 

Tras cruzar el majestuoso Puente Romano, encontramos la estatua dedicada al pequeño Lazarillo y al ciego, recordando aquella primera lección de astucia que marcaría el comienzo de sus aventuras. 

Lo primero que nos sorprendió, tanto a mis hijos como a mí, fue descubrir que la catedral no tenía delante una gran plaza abierta que permitiera contemplarla con distancia y apreciar su altura y monumentalidad. Parece hasta desproporcionado que semejante edificio aparezca de una manera tan inesperada ante nuestros ojos. 

Solo estaríamos dos días y nos recomendaron visitar la Catedral Nueva. Su construcción comenzó en 1513, fue proyectada inicialmente por Juan Gil de Hontañón y continuada posteriormente por otros maestros, entre ellos su hijo Rodrigo Gil de Hontañón. 

Su construcción se prolongó durante siglos y, por ello, conviven diferentes estilos arquitectónicos, desde el gótico tardío hasta aportaciones renacentistas y barrocas. 

Una de sus grandes particularidades es que permanece adosada a la Catedral Vieja, un magnífico templo de origen románico cuya construcción comenzó en el siglo XII. El resultado es un conjunto monumental extraordinario, en el que dos catedrales de épocas diferentes conviven prácticamente puerta con puerta.

Desde el río pudimos contemplar la ciudad desde otra perspectiva mientras disfrutábamos de un paseo en bote por el Tormes. 

Después nos perdimos por sus calles y llegamos hasta la Casa de las Conchas, cuya construcción comenzó a finales del siglo XV. Es uno de los edificios más singulares de la ciudad y combina elementos del gótico tardío con otros renacentistas y mudéjares, dentro del llamado estilo isabelino. 

Su fachada, decorada con alrededor de 350 conchas de vieira, se relaciona con la Orden de Santiago, a la que pertenecía su propietario. Las elegantes rejas góticas de sus ventanas completan uno de los edificios más reconocibles de Salamanca. 

También descubrimos la Plaza Mayor, uno de los grandes espacios del barroco español; la espectacular fachada plateresca de la Universidad de Salamanca, donde, como manda la tradición, nos pusimos a buscar la famosa rana escondida sobre una calavera.

Y, por supuesto, no podíamos marcharnos de Salamanca sin probar algunos de sus sabores más tradicionales. 

Nos hablaron del hornazo, una empanada horneada elaborada con una masa enriquecida y rellena tradicionalmente de lomo de cerdo, chorizo y huevo cocido. También probamos los embutidos ibéricos de Guijuelo y el farinato, acompañado de huevos fritos. 

Para terminar, nos animamos con algunos dulces tradicionales, entre ellos los conocidos chochos de Salamanca y las rosquillas de Ledesma. 

También descubrimos algunas de las tradiciones que forman parte de la vida de la ciudad. Entre ellas, el Lunes de Aguas, una celebración en la que es tradición salir a las riberas del Tormes para comer el típico hornazo en compañía de familiares y amigos. 

Salamanca celebra además sus Ferias y Fiestas en honor a la Virgen de la Vega en el mes de septiembre y mantiene una Semana Santa de gran tradición, declarada de Interés Turístico Internacional, en la que las calles del casco histórico se transforman con el paso de las procesiones. 

Salamanca nos dejó boquiabiertos y con muchas ganas de volver. Una ciudad de piedra dorada, de universidades centenarias, iglesias, plazas y leyendas. 

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