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HUELLA ABIERTA — Canción #1
Un legado y un camino en tiempos de transformación
“Huella Abierta” nace desde una certeza y, al mismo tiempo, desde una gran incógnita.
La certeza de que todos recibimos algo: un camino empezado por otros. Y la incógnita de no saber exactamente qué hacer con eso.
Ni bien nacemos, empezamos a aprender de qué está hecha nuestra vida. Qué recursos materiales y emocionales nos sostienen. Qué nos falta, qué nos sobra. Qué nos duele, qué nos impulsa. Y aun así… avanzamos sin coordenadas precisas.
Esta primera canción en ritmo de chacarera habla de ese movimiento. De seguir caminando incluso cuando no entendemos del todo hacia dónde. Habla de esa fuerza inexplicable que, en medio del dolor, nos levanta y nos recuerda que todavía hay tarea por hacer.
Pero que pasa cuando la vida elige por nosotros y nos arranca de un lugar, obligándonos a saltar al vacío sin red.
Yo lo viví.
Emigré con todo el dolor del mundo, pero con la convicción de que era necesario. Por el bien de mis hijos. Por nuestro futuro.
Y en ese desorden, la música fue mi cable a tierra. Mi refugio. Mi manera de volver a casa sin importar dónde estuviera.
Todo empezó en mi niñez, allá en mi barrio periférico de Banfield.
A los nueve años empecé a tocar la guitarra, y pasaba horas saboreando los discos de vinilo que fui cultivando con amor, con curiosidad, con insistencia.
Todo lo aprendí en casa. De ver cantar a mis padres. De escuchar programas de tango en la radio y en la televisión. De las vacaciones en casa de mis tíos y primos entrerrianos. De ese contacto profundo con la naturaleza cada que vez que, con mis amigos, cargábamos la mochila para irnos de campamento.
Siempre estuvo la música.
Y hoy puedo nombrar con claridad a quienes me marcaron. Mercedes Sosa a la cabeza, y tantos otros artistas del folklore, del rock, del pop, del tango.
Esa música fue una cuna. Una manera de sentir mi época. Porque las canciones tenían algo para decir, para gritar, para denunciar, para embellecer.
Y si bien las canciones nos atraviesan distinto a cada uno, al mismo tiempo nos reúnen.
Una canción puede llegar en el momento exacto. Puede cambiar el ánimo, el cuerpo, la respiración.
Lo vi muchas veces en hospitales. En personas atravesando diagnósticos difíciles. En miradas que se transforman por unos minutos gracias a una melodía. No es teoría. Es experiencia.
Entender que lo que hacemos nunca es solo para nosotros. Que todo genera un impacto. Que en la vida existe una ley silenciosa que siempre actúa: lo que damos, regresa a nosotros, tal vez en formas distintas.
Entonces, la pregunta vuelve a aparecer: ¿qué hacemos con eso que recibimos?
Quizás no se trata de tener respuestas sino de estar disponibles. De reconocer el momento en el que la vida nos detiene y nos pregunta qué podemos seguir ofreciendo, incluso cuando las fuerzas no son las mismas.
Porque, aunque el cuerpo cambie, aunque el tiempo pase, aunque las dudas sigan… hay algo que permanece. Una llama interna.
Por eso canto y sigo eligiendo este camino.
Como dice el estribillo
“Lo que tenga que pasarme
que me encuentre aquí cantando”
Porque más allá de todo quiero estar presente. Quiero estar viva en lo que hago. Quiero sostener esta voz como puente y dejar para otros una huella abierta.
4 respuestas
Hermoso!!! Vamos Gabi
Muchas gracias Patricia !! fuerte abrazo
Te quiero, te admiro, y recuerdo cuando en el Gabi…sentía que te ayudaba, también las veces que llevamos a tus niños a escucharte…Qué gustazo verte sobre los escenarios….bs
Muchas gracias querida Marta, siempre tan atenta con nosotros y el todo el bien que me hiciste con mis cuerdas vocales. GRACIASSS