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MENTIRA Y OLVIDO - Canción #7
Historias de amor que nos hacen más fuertes
Hay canciones que nacen de una lección de vida. “Mentira y Olvido” es un ejemplo de ello.
Es una confesión sincera sobre lo que significa amar profundamente.
Cuando nos enamoramos sin prejuicios, rara vez vemos a la otra persona tal y como es. La miramos a través de la ilusión, de la esperanza y de los proyectos compartidos.
Confiamos porque amar implica confiar, y esa confianza nos lleva, muchas veces, a justificar aquello que, visto desde fuera, resulta evidente para los demás, mientras que para uno permanece completamente negado.
Nos convencemos de que las promesas acabarán cumpliéndose y de que el tiempo pondrá las cosas en su sitio. Pero hay relaciones que nacen sin cimientos y, por mucho empeño que pongamos, terminan cayendo por su propio peso.
Esta canción habla precisamente de eso: de que el amor no puede sostenerse sin honestidad.
Uno de los versos que mejor resume esa idea dice: «No me culpo al creer tus palabras. Dios conoce el alma que miente.»
Durante mucho tiempo tendemos a culparnos por haber confiado.
Nos preguntamos cómo no vimos las señales, por qué soportamos determinadas actitudes o por qué seguimos creyendo cuando ya había indicios suficientes para sospechar que el otro abandonaría el barco en cualquier momento.
Sin embargo, confiar nunca debería convertirse en un motivo de vergüenza. La mentira pertenece a quien decide mentir, no a quien eligió creer.
Hay personas que saben esconder muy bien quiénes son. Se muestran cercanas, sensibles y entregadas, hasta que llega el momento en que la máscara deja de ser necesaria.
Entonces, lo que parecía amor se convierte en manipulación; lo que parecía compromiso era solo una forma de mantener el control.
El narcisismo se disfraza de muchas maneras: con muestras de atención, de cariño, de aparente preocupación por el otro y con promesas de futuro.
Solo cuando las circunstancias obligan a romper ese equilibrio aparece la verdadera personalidad.
Y ahí comienza el duelo más difícil.
No solo duele perder a quien amábamos. Duele descubrir que la persona de la que nos enamoramos nunca existió del todo.
Pero el tiempo tiene una forma muy sabia de ordenar y colocar las cosas.
La distancia permite comprender que estábamos corriendo un peligro enorme: perder nuestra propia valía intentando obtener el reconocimiento y la aprobación del otro.
Y, lo que resulta aún más doloroso, olvidar nuestro propósito por intentar sostener una historia imposible.
Amar con lealtad nunca es un error. El error fue permanecer demasiado tiempo esperando un cambio que jamás iba a llegar.
Por eso esta canción no habla de venganza, sino de liberación.
«Te confieso que aún me lastimas, pero fue lo mejor que ha pasado.»
El recuerdo de aquel dolor quizá nunca desaparezca por completo, pero si recuperar la libertad ha tenido ese coste, entonces todo ese sufrimiento habrá merecido la pena.
A partir de esa toma de conciencia, lo que un día parecía una derrota se convierte en el comienzo de una vida más auténtica.
“Mentira y Olvido” concluye con una decisión: «Dejaré que la vida me abrace y me dé lo que tú no me has dado.»
Es la puerta abierta a un nuevo amor que ya no se construya desde el sacrificio, sino desde el respeto mutuo, la sinceridad y la decisión de elegirse cada día.
Al final, el verdadero olvido no consiste en borrar a alguien de la memoria.
Consiste en dejar de cargar con el peso de lo vivido. Consiste en recordar sin que duela y en perdonarse por haber amado con el corazón abierto.
Nuestra capacidad para creer, para entregarnos y para ser leales habla de lo mejor que hay en nosotros, nunca de nuestra debilidad.
Sanar nos permite dar ese salto hacia nuevas oportunidades, porque lo vivido y lo aprendido se transforman en una fortaleza serena, en una de las lecciones más valiosas de la vida.
Un comentario
Gran reflexión muy profunda. Una extensa introspección que todos deberíamos hacer. Y por encima de todo, ejercer la práctica