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DIARIO DE VIAJE 32
Segovia, tierra que vibra de culturas
La última ciudad que dejamos para el final de nuestro viaje por Castilla fue Segovia. Sin duda, un recorrido de semejante riqueza histórica y cultural merecía cerrarse a lo grande.
Los orígenes de Segovia se remontan a los asentamientos celtibéricos, aunque la ciudad adquirió una importancia estratégica durante la romanización, como demuestra su monumento más emblemático: el Acueducto.
Primero nos deslumbramos con esta extraordinaria obra de ingeniería hidráulica romana.
Existen diversas propuestas sobre su datación: algunas fuentes la sitúan en torno al año 112 d.C., probablemente durante los últimos años del reinado de Trajano o ya bajo Adriano, mientras que otras la sitúan en torno al año 50 d.C.
El acueducto transportaba el agua procedente del río Acebeda, en la sierra de Guadarrama, siguiendo una pendiente cuidadosamente calculada.
La extraordinaria precisión de esta infraestructura explica que haya podido mantenerse en servicio durante siglos y que haya llegado hasta nuestros días en un estado de conservación excepcional.
La arquería monumental, formada por 167 arcos, atraviesa el corazón de Segovia y alcanza los 959 metros de longitud y los 28,10 metros de altura en su punto máximo.
Está construida con grandes sillares de granito colocados «a hueso», es decir, sin argamasa, que se mantienen unidos gracias a un estudiado equilibrio de fuerzas.
Queda más que claro que esta ingeniería romana estaba al servicio de la vida cotidiana.
No era únicamente una demostración de poder y conocimiento técnico: era una infraestructura destinada a garantizar algo tan esencial como el abastecimiento de agua y, con ello, el desarrollo de la propia ciudad.
Durante la Edad Media, Segovia se convirtió en una ciudad plural, habitada por cristianos, musulmanes y judíos, y organizada en numerosos barrios y parroquias. Con el paso de los siglos fue adquiriendo una creciente importancia política y económica.
La Catedral de Segovia, iniciada en 1525, es conocida popularmente como la «Dama de las Catedrales», destacando por la elegancia y la armonía de sus proporciones.
Es, además, una de las últimas grandes catedrales góticas levantadas en Europa.
Resulta inevitable imaginar la vida cotidiana de aquellos siglos: el bullicio de los mercados, los talleres de los artesanos, los comerciantes que recorrían sus calles, los nobles que levantaban sus palacios y las diferentes comunidades que compartían el espacio urbano.
Para el final nos reservamos el gran hito del recorrido: El Alcázar de Segovia.
La fortaleza aparece documentada desde comienzos del siglo XII. Entre 1124 y 1139 ya encontramos referencias al «castillo de Segovia» y al «Alcaçar», reflejando su doble condición de fortaleza y residencia palaciega, así como su posterior importancia como uno de los principales escenarios del poder de la Corona de Castilla.
En la Plaza Mayor disfrutamos de un descanso bien merecido, ya sin apuros, pudiendo contemplar y asimilar todo lo vivido durante este viaje de diez días por tres ciudades: Ávila, Salamanca y Segovia.
Visitamos también la Casa-Museo de Antonio Machado, instalada en la antigua pensión donde residió el poeta entre 1919 y 1932. La casa conserva su ambiente austero, junto con muebles, retratos, recuerdos y otros objetos relacionados con su estancia en la ciudad.
Por toda esta extraordinaria riqueza histórica y arquitectónica, la Ciudad Vieja de Segovia y su Acueducto fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1985.
A la hora de disfrutar del paladar, no podíamos perdernos el cochinillo de Segovia, uno de los grandes emblemas de la cocina local, con su piel dorada y crujiente y una carne tierna y jugosa.
Y, para terminar, nada mejor que el ponche segoviano, elaborado con finas capas de bizcocho y crema, bañado en almíbar y cubierto por una delicada capa de mazapán.
Finalmente, desde el mirador del Postigo del Consuelo contemplamos, una vez más, la majestuosa perspectiva del Acueducto y el perfil urbano de Segovia. Fue el lugar perfecto para despedirnos de la ciudad y poner punto final a nuestro recorrido.
Y desde aquí, mis hijos y yo emprendimos el regreso a casa, con la satisfacción de haber conocido y sentido Segovia en su esencia y de haber caminado por la historia durante diez días de nuestra aventura por Castilla.