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La vida para cantar - Somos hijos (canción 5)

Somos hijos (canción 5)

Sanar volviendo al origen

Vivir en una ciudad como Valencia es un privilegio.
La naturaleza puede disfrutarse a pocos kilómetros y en menos de una hora podemos cambiar absolutamente de paisaje.

Aquí no hay excusas para desaprovechar los beneficios de una escapada al interior de la provincia y volver renovados en todos los aspectos.

Por el contrario, un país tan grande como Argentina supone invertir tiempo y dinero en recorrerla de punta a punta.

Desde muy pequeña viví experiencias maravillosas en campamentos parroquiales y con mi familia yéndonos de vacaciones al campo, al mar o la montaña.

Ya lo dije, ahorrando todo un año y con mucho esfuerzo .

Mi conexión con la naturaleza es total.
Siempre lo sentí así.

No hay nada ajeno a ella ni nada que no se haya gestado desde ella: un teléfono móvil, un coche, la planta en una maceta, un acordeón, un gato… todo es Madre Tierra.

Lo mismo es la medicina, el instrumental quirúrgico, los equipamientos oncológicos, los sistemas de radioterapia, los monitores de hemodiálisis y cardiológicos, sondas, camillas, vendas, desinfectantes… todo es Madre Tierra.

Cuando entro a cantar a sala de Oncología, de Hemodiálisis o de Cuidados Intensivos siento una energía especial y distinta en cada ambiente.

Diría un “peso en el aire” incluso en psiquiatría o en las unidades de desintoxicación.

Cada servicio tiene su particularidad, no es lo mismo una persona que atraviesa un postoperatorio que un paciente que necesita conectarse a una máquina de diálisis, día por medio.

Vivir en un estado de unidad con la naturaleza mejora y acelera nuestra recuperación y sanación.

Nadie puede decir que sea fácil desde una cama de hospital, pero conozco a muchos pacientes crónicos que viven sus procesos con aceptación y valentía, haciendo que los tratamientos sean más llevaderos y menos tortuosos.

Doy fe de esas personas excepcionales, las conozco de primera mano.

La canción Somos hijos nos habla de que la naturaleza jamás se ha divorciado del Ser Humano y que es imposible que algo en ella atente contra sus criaturas.

Esta madre que es la tierra
alimenta nuestros cuerpos,
a los peces y a las aves
emigrantes de los cielos.

Siempre que puedo charlar con los pacientes les aconsejo que visualicen y sientan el viento en la cara mirando el mar, el agua de los arroyos mojándoles los pies, la sensación tranquila de un descanso bajo los árboles.

El cambio de ánimo es inmediato. Los recuerdos a través de los sentidos de aquellos momentos de paz y sosiego son infalibles.

Y les hago prometer que ni bien regresen a sus casas, se premien con un paseo a la montaña o al mar.

Esta canción es un recordatorio de que no estamos desamparados, de que hay una Madre que nos acuna con su energía infinita de amor y providencia.

Nosotros necesitamos de ella y reconociendo esto, comenzamos a sanar.