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DIARIO DE VIAJE 26

LA ISLA DE TABARCA. Donde el mar guarda memoria

Visité la isla de Tabarca hace algunos años, invitada por una amiga muy paseandera, de esas que disfrutan tanto de perderse en grandes ciudades europeas como de descubrir pueblos pequeños, alejados de las rutas más transitadas. 

Al llegar, lo primero que me sorprendió fue la sencillez del lugar: casitas blancas, calles estrechas y un decorado especial de paraguas de colores colgando desde los balcones más altos. 

Allí nos dijeron que el verdadero tesoro de Tabarca no se muestra a simple vista. 

Está bajo el agua, en los fondos marinos que rodean la isla y que la convirtieron, en los años ochenta, en la primera reserva marina de España.  

Más allá del paseo tranquilo por sus calles, lo que la rodea es un mundo silencioso de praderas de posidonia, bancos de peces y, con algo de suerte, la visita fugaz de delfines o tortugas marinas. https://gabrielacastillo.es/refranes-en-extincion 

Tabarca es una pequeña isla mediterránea situada frente a la costa de Alicante. Es la más grande de la Comunidad Valenciana y la única habitada. En invierno, apenas 50 personas habitan la isla; en verano, todo se multiplica y el turismo se vuelve protagonista.https://www.alicante.es/es/contenidos/isla-tabarca 

El paisaje es plano y austero. No hay árboles y la vegetación es escasa, como si el mar hubiera decidido dejarla desnuda. Esa forma actual es el resultado de siglos de erosión, de un territorio moldeado por el agua y el viento. 

La historia de la isla se remonta mucho más atrás de lo que parece.  

Se han encontrado restos de época romana aunque sin un asentamiento estable. Durante siglos fue un enclave estratégico, vulnerable y codiciado. 

En la Edad Media, la amenaza constante de los piratas obligó a pensar en su defensa, y no fue hasta el siglo XVIII cuando la isla tomó la forma que hoy conocemos.  

Por encargo de Carlos III, se proyectó una ciudad fortificada, inspirada en las ideas urbanísticas del Renacimiento y la Ilustración 

Murallas, baluartes, iglesia, cuarteles, casas, cisternas y hornos fueron levantándose para dar forma a una ciudad pensada desde el orden y la protección, aunque nunca llegó a completarse del todo. 

Los primeros habitantes estables fueron familias de origen genovés, rescatadas del cautiverio en el norte de África, que llegaron junto a un destacamento militar encargado de proteger la isla.

Durante mucho tiempo, la pesca artesanal fue el sustento principal, acompañada por pequeños servicios ligados a la vida militar. Con los años, Tabarca fue perdiendo su carácter defensivo y transformándose en un lugar más abierto, más habitable. 

Hoy, su casco histórico amurallado, la iglesia de San Pedro y San Pablo, el antiguo edificio del Gobernador convertido en museo, el faro que se alza desde el siglo XIX y la Torre de San José hablan de ese pasado de frontera, de vigilancia y de resistencia frente al mar

Y luego está la naturaleza. La reserva marina sigue siendo uno de los grandes valores de la isla. Lugares como la Cueva del Llop Marí invitan a sumergirse y a mirar despacio para los que disfrutan del buceo. 

Algo me invita a volver, quizá porque el contacto con un lugar nunca se agota en una primera vez y siempre pide una mirada nueva. 

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