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POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS de Ernest Hemingway
La guerra, la obediencia y el precio de lo humano
He leído con especial dedicación el libro Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway.
Con la edad y con la conciencia que dan los años, puedo entender el semblante de dolor y resignación de aquellos vecinos gallegos, andaluces y asturianos de mi barrio humilde de Banfield.
No recuerdo haberlos visto reír ni tampoco desmoronarse frente a nadie, ante el resabio de una guerra civil que les pisaba los talones hasta subirse al barco que los llevaría a Argentina.
Ahora sí puedo unir los cabos y entender este libro, en el que transcurren solo tres días desde que Robert Jordan, un teniente norteamericano del ejército republicano, integrado en las Brigadas Internacionales y cuya especialidad son las demoliciones y los explosivos, llega a la sierra de Guadarrama, en la provincia de Segovia.
El libro nos sumerge en 72 horas de conflictos entre los personajes, pensamientos y rumiaciones psicológicas; luchas por el poder entre Jordan y los guerrilleros que debía organizar para volar un puente por orden del general Golz.
Una orden incuestionable, escasos recursos, conflictos morales, su padre y su abuelo rondando en pensamientos que lo asedian, conflictos de poder con un puñado de paisanos aliados, uno traidor que vuelve a poner el hombro.
La duda de quién es leal, en quién se puede confiar y el riesgo de creer pese a no tener certeza alguna llevan al grupo a perpetrar la voladura del puente.
Entre ese grupo de hombres en la frontera republicana existen dos mujeres que serán claves en la novela: Pilar, una mujer de carácter, la autoridad femenina del grupo, capaz de combinar dureza, intuición, memoria y compasión.
Y María, una jovencita de unos 20 años, vejada por los fascistas tras el asesinato de sus padres, quien es rescatada por Pilar y salvada del abandono, la vergüenza y la soledad de quien lo ha perdido todo, incluso su identidad.
María y Jordan se descubren y se enamoran a tal punto que se entregan en cuerpo y alma a un amor sin tiempo, incluso con alguna idea esperanzadora de que todo saldrá bien para ellos. Sueñan y planean una vida juntos en Estados Unidos cuando hayan ganado la guerra. Eso los mantiene en una ilusión casi ficticia, como una necesidad de sobrevolar el abismo de sus tragedias.
Si hay un personaje que despertó mi cariño es el viejo Anselmo. No es el más fuerte, ni el más inteligente ni experto en nada: es el más humano de todos los personajes.
Anselmo odia matar, cada muerte lo atribula. Cree en Dios, aunque esté matando en una guerra que se supone “justa”.
Su fe es una tabla de salvación interior. Se aferra a Dios porque, sin esa esperanza de perdón, no podría seguir viviendo consigo mismo.
Sin duda, es un libro que nos hace reflexionar y nos interpela: los ideales y los principios, la pérdida de la libertad individual bajo una doctrina, la aceptación y justificación de todo lo que atenta contra la dignidad humana en cualquiera de sus bandos, la locura del ser humano que pierde el control en masa, que no mide, que no detiene, que no evita y llega hasta las últimas consecuencias.
Por último, la criminalidad de quienes envían a la muerte a seres humanos considerados una simple variable de la guerra.
Por quién doblan las campanas proviene de un texto del poeta John Donne, del siglo XVII:
“Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo;
Cada hombre es un pedazo del continente, una parte del todo.
Nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.”
Por eso Donne y Hemingway sostienen que cada muerte humana nos afecta a todos; la pérdida de uno empobrece al conjunto y, por ello, no hay muertes ajenas.
Para el mando, una muerte es un dato; para Hemingway, cada muerte es una tragedia de la humanidad entera.
Ernest Hemingway – Biografía
Por quien doblan las campanas – Libro
Por quien doblan las Campanas – Audiolibro
